La misión Artemis 2 es uno de los mayores logros en el ámbito de la exploración espacial. Su lanzamiento representa un paso hacia el establecimiento de presencia humana en la Luna y la exploración del Sistema Solar. Artemis 2 puso a prueba los límites de la resistencia humana, mientras que instrumentos especializados a bordo realizaron mediciones que serán fundamentales para futuros viajes a la Luna y Marte. Junto con los astronautas, Artemis 2 llevó al espacio seis experimentos científicos. Algunos permanecieron en órbita terrestre, mientras que otros acompañaron a la tripulación en su viaje de más de un millón de kilómetros.
El 11 de enero de 2007, las fuerzas armadas chinas llevaron a cabo un ejercicio militar en el que derribaron el satélite meteorológico inoperante Fenyun-1, que se encontraba a una altitud de 865 kilómetros. Esta demostración de poder provocó la mayor contaminación del entorno de nuestro planeta hasta la fecha, ya que el satélite se fragmentó en más de 3400 piezas mayores de cuatro centímetros y alrededor de 150.000 fragmentos más pequeños. Estos restos han causado numerosos problemas a otras misiones espaciales. En 2013, una colisión con uno de ellos resultó fatal para el satélite ruso BLITS; en 2021, otro fragmento del mismo origen impactó contra el brazo robótico de la Estación Espacial Internacional (ISS), perforando un agujero de 5 milímetros. La propia ISS ha tenido que realizar múltiples maniobras para evitar colisiones con estos fragmentos, la última de ellas el 30 de abril del año pasado. La frecuencia de este tipo de maniobras debido a desechos espaciales de distintos orígenes ha aumentado significativamente en los últimos años. Los científicos temen un escenario catastrófico, el llamado síndrome o efecto de Kessler, según el cual el rápido aumento de basura espacial podría terminar en gran parte con la era espacial. No se trata de una predicción apocalíptica de ciencia ficción, sino de una posibilidad real que amenaza con materializarse en un futuro cercano.
LHS 1903, a primera vista una estrella completamente común, ha provocado recientemente una auténtica tormenta entre los astrónomos. En su entorno acaban de descubrir un cuarto planeta que, a diferencia de los otros tres, desafía las teorías establecidas sobre la formación y evolución de los sistemas planetarios. Veamos entonces, para qué tanto alboroto.
A través del tiempo, varias personas han tenido encunetros cercanos con los meteoritos. Por suerte, no existen muertes confirmadas causadas por estas piedras espaciales y solo conocemos un caso documentado cuando un meteorito golpeó a una persona. No obstante, hay muchas personas cuyas casas fueron perforadas por los meteoritos y que por muy poco escaparon una muerte segura.
Las estrellas son actualmente la fuente de luz más importante del universo y cada una de ellas, incluido el Sol, oculta en su interior un reactor nuclear donde se libera una enorme cantidad de energía. Sin ella, los planetas que orbitan alrededor de las estrellas serían desiertos helados, y en sus superficies reinaría una total oscuridad. La fuente de energía del sol son las reacciones nucleares, algo que supimos en 1920. Sin embargo, los científicos pronto se toparon con un problema: los cálculos iniciales indicaban que para estas reacciones se requiere una temperatura de aproximadamente 1.5 mil millones de Kelvin, mientras que la temperatura en el núcleo solar es cien veces menor. La solución a este paradigma llegó siete años después, impulsada por una nueva y exótica teoría que hoy conocemos como mecánica cuántica.