Tras pasar nueve meses en la Estación Espacial Internacional, los astronautas Barry Wilmore y Suni Williams han regresado a la Tierra. Sin embargo, para ellos, las cosas aún no terminan. Debido a los efectos de una estancia prolongada en el espacio, Wilmore y Wiliams serán sometidos a una intensa terapia de recuperación, similar a la que reciben los pacientes que han estado en coma durante largos períodos. Los efectos de una estancia en órbita tan extendida son complejos y, en su mayoría, perjudiciales, tanto a corto como a largo plazo. Algunos de ellos los afectarán por el resto de sus vidas.
Las consecuencias negativas de vivir en el espacio son la razón por la que la mayoría de las misiones espaciales de larga duración están limitadas a un máximo de seis meses. La persona que ostenta el récord de mayor tiempo continuo en órbita es el cosmonauta ruso Valeri Polyakov, quien en 1994-1995 pasó 427 días (más de 14 meses) a bordo de la estación espacial Mir. A lo largo de su carrera, Polyakov acumuló un total de 22 meses en el espacio.

Suni Williams y Barry Wilmore después de su regreso.
Pero, ¿qué sucede con el cuerpo de aquellos (des)afortunados astronautas que pasan tanto tiempo allá arriba? Los efectos negativos en su organismo tienen tres principales causas: la microgravedad, los rayos cósmicos y el aislamiento a bordo de la nave.
Microgravedad
La exposición prolongada a la microgravedad provoca una reducción significativa en la densidad ósea, así como una notable pérdida muscular, principalmente en brazos, piernas y cintura. Esto ocurre porque los huesos y los músculos no necesitan esforzarse tanto en un entorno sin gravedad. Uno de los órganos afectados es el corazón, ya que, en ausencia de gravedad, bombear sangre resulta una tarea más sencilla. La masa muscular puede recuperarse con el tiempo a diferencia de la pérdida de masa ósea, que es irreversible.

Sunita Williams pred zadnjo misijo na Mednarodni vesoljski postaji in po povratku.
Además, la microgravedad reduce el volumen sanguíneo y ralentiza la circulación, lo que aumenta el riesgo de coágulos. La acumulación de líquidos en la cabeza, debido a la falta de drenaje gravitacional, provoca una sensación similar a la congestión nasal constante. Asimismo, estos líquidos hacen que los globos oculares se inflamen, lo que deteriora la visión de los astronautas, por lo que muchos de ellos usan lentes durante su misión en el espacio.
Otro efecto curioso es la disminución del sentido del olfato. Haz quién sostenta que esto es beneficioso, ya que la Estación Espacial Internacional lleva más de 20 años en funcionamiento y, al no poder abrir las ventanas, los olores quedan atrapados en su interior.
Una vez de regreso en la Tierra, los efectos de la acumulación de líquidos desaparecen gradualmente, pero mientras los astronautas enfrentan dificultades para caminar, mareos y visión borrosa.
Rayos cósmicos
Rayos cósmicos son partículas ionizadas muy energéticas. Sus efectos en le cuerpo humano son similares a los de la radiactividad. Hay tres principales fuentes de estas partículas: los rayos cósmicos galácticos, las partículas energéticas solares y las partículas de alta energía atrapadas en los cinturones de radiación de la Tierra. Nuestro planeta nos protege de esta peligrosa radiación gracias a su campo magnético y su densa atmósfera, pero esa protección disminuye rápidamente a medida que nos alejamos de la superficie de nuestro planeta.
El riesgo más grave de una exposición prolongada a la radiación cósmica es el desarrollo de cáncer a largo plazo. Actualmente, no contamos con métodos efectivos para proteger a los astronautas de esta amenaza. La situación es aún peor para aquellos que han visitado o visitarán la Luna y será un obstáculo para futuros viajes interplanetarios y la posible colonización de otros mundos. Por ejemplo, un viaje de ida y vuelta a Marte podría durar alrededor de un año, y ni Marte ni la Luna ofrecen una protección efectiva contra estos rayos, por lo que cualquier estancia prolongada en ellos representaría un grave riesgo para la salud.

Rayos cósmicos colisionando con la atmósfera terrestre.
Los efectos de rayos cósmicos en el cuerpo humano a largo plazo aún requieren más estudios. Los astronautas retirados no están obligados a participar en estas investigaciones, pero si Williams y Wilmore deciden hacerlo, su contribución será clave para mejorar la seguridad de los futuros exploradores espaciales.
Aislamiento
Durante sus largas misiones, los astronautas permanecen aislados del resto del mundo, lo que puede provocar efectos psicológicos, como fatiga, estrés y trastornos del sueño. Estos problemas pueden debilitar el sistema inmunológico y afectar su bienestar general.
Para mitigar tales consecuencias, la NASA está explorando el uso de realidad virtual para simular entornos relajantes o proporcionar actividades recreativas, como el aprendizaje de nuevos idiomas. Estas estrategias podrían ayudar a los astronautas a sobrellevar mejor la soledad del espacio y mejorar su salud mental durante misiones prolongadas.