Encuentros cercanos de otro tipo: cuando te visita una una roca espacial

Historia del espacio

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Meteoro de Cheliábinsk, Rusia, en 2013.

¿Te imaginas que una noche de domingo duermes plácidamente en tu cama cuando de repente te despierta el ladrido de tu perro? Como no deja de ladrar, te levantas y miras si acaso no hay algún intruso escondido en el patio. De pronto, la casa se llena de un estruendo insoportable. Regresas a la recamara y te das cuenta de un enorme agujero en el techo y sobre la almohada, donde apenas unos instantes antes descansaba tu cabeza, se encuentra un bulto rocoso. Precisamente eso fue lo que le sucedío en octubre de 2021 a Ruth Hamilton en la Columbia Británica, Canadá. Totalmente aterrada y confundida, la señora llamó a la policía, no obstante no fue posible arrestar al “culpable”. Tras una inspección exhaustiva, el agente concluyó que la señora Hamilton había recibido la visita de un meteorito – una roca que llegó del espacio a tal velocidad que logró atravesar tanto el tejado como el techo de su casa. Este no es ni mucho menos el único caso de este tipo y, aunque actualmente no existen datos de que los meteoritos hayan causado muertes humanas, sigue surgiendo la pregunta de cuán peligrosas son realmente estas rocas espaciales.

Existen varios encuentros cercanos documentados entre personas y meteoritos. De forma similar al caso de la señora Hamilton, en 2020 un meteorito atravesó el techo de la casa de Joshua Hutagalung en la isla de Sumatra, en Indonesia. En aquel momento, muchos medios reportaron que el propietario había vendido aquella roca de dos kilogramos por 1,8 millones de dólares estadounidenses. Sin embargo, la cifra real nunca fue revelada y los expertos en el mercado de meteoritos ofrecieron estimaciones mucho más bajas.

Ruth Hamilton con su meteorito.

Solo existe un caso documentado en el que un meteorito haya golpeado a una persona. Afortunadamente, no se trató de un impacto directo, por lo que la estadounidense Ann Elizabeth Fowler Hodges, de Alabama, pudo contarlo a sus amigos y descendientes. En la noche del 30 de noviembre de 1954, cuando la señora Fowler Hodges dormitaba tranquilamente en el sofá de la sala, un fragmento de meteorito atravesó el techo de su casa y abrió un agujero de 90 centímetros. La piedra cayó sobre una radio, rebotó y golpeó a la señora Hodges en la parte superior del muslo y en el brazo, dejándole grandes moretones. Posteriormente, la señora experimentó trastorno de estrés postraumático durante varios meses.

Hablamos de sucesos únicos, existe una sola grabación de la caída de un meteorito. Esto se lo debemos a las cámaras con las que cada vez más personas vigilan el entorno de sus casas y apartamentos. Una de ellas grabó un pequeño meteorito que cayó el 25 de julio de 2024 en el patio de Joe Velaidum y su pareja Laura Kelly, en la Isla del Príncipe Eduardo, Canadá. La cámara estableció además otro hito singular, ya que realizó la única grabación sonora de la caída de un meteorito. El video está disponible en YouTube. Posteriormente, Velaidum declaró a los medios que apenas unos minutos antes se encontraba exactamente en el lugar del impacto y que entonces por muy poco evitó una posible tragedia.

Todos los impactos mencionados se refieren a cuerpos pequeños que lograron sobrevivir a su caída sobre la superficie terrestre. Sin embargo, en un pasado no tan lejano ocurrieron al menos dos eventos en los que dos cuerpos mucho mayores entraron en la atmósfera de nuestro planeta. Aunque no alcanzaron la superficie, provocaron situaciones mucho más peligrosas. Algunos de nosotros aún recordamos muy bien las impresionantes imágenes de Cheliábinsk, en Rusia, en 2013, cuando en el cielo se encendió un segundo Sol. Se trataba de un asteroide cercano a la Tierra, de unos 18 metros de diámetro, que según las estimaciones de los científicos pesaba unas 9.100 toneladas y que se adentró en la atmósfera a una velocidad de 19,2 kilómetros por segundo. Afortunadamente, no sobrevivió al viaje, ya que explotó a una altitud de 30 kilómetros, liberando una energía equivalente a 0,4–0,5 megatones de TNT, unas 30 veces más que la explosión de la bomba atómica de Hiroshima. La explosišon resultó en la formación de una nube de polvo que se extendió a lo largo de 26 kilómetros y estuvo acompañada por una “lluvia” de pequeños fragmentos rocosos. Al mismo tiempo, la devastadora onda de choque dañó 7.200 edificios en seis ciudades y obligó a 1.500 personas a buscar atención médica.

En el ya lejano año 1908 ocurrió algo aún más espectacular, afortunadamente en la escasamente poblada Siberia rusa, cerca del río Podkamennaya Tunguska. Allí, a una altitud de entre 5 y 10 kilómetros, explotó un cuerpo cuyo tamaño se estima entre 50 y 60 metros, que entró en la atmósfera a una velocidad de 27 kilómetros por segundo. Las estimaciones de la energía liberada durante la explosión alcanzan hasta 20–30 megatones de TNT, es decir, entre 1.250 y 1.875 veces más que la bomba atómica de Hiroshima y entre el 30 % y el 50 % de la energía liberada por la explosión de la Tsar Bomba soviética, el arma más potente jamás detonada por la humanidad. La fuerza de la explosión en Tunguska arrasó 2.150 kilómetros cuadrados de bosque, casi el doble de la superficie de la ciudad de Nueva York y 1.5 veces la de la Ciudad de México. Algunos informes hablan de tres víctimas mortales, pero estas nunca fueron confirmadas.

Desastre en Tunguska.

Mencionemos también algunos otros eventos que tuvieron repercusión mundial en los siglos XX y XXI:

  • 1938: un pequeño meteorito atravesó el techo de un garaje en el estado de Illinois, EE. UU.
  • 12 de febrero de 1947: cerca de la cordillera Sikhote-Alin, en las proximidades de Vladivostok, Rusia, explotó un meteorito, del que cayeron al suelo aproximadamente 23 toneladas de fragmentos. Algunos dejaron cráteres de impacto; el mayor tenía 6 metros de profundidad y 26 metros de diámetro.
  • 1992: un pequeño meteorito destruyó un automóvil cerca de Nueva York.
  • 2003: un meteorito de 20 kilogramos atravesó una casa de dos plantas en el norte de Nueva Orleans.
  • 2003: una lluvia de meteoritos destruyó varias casas en la India y causó heridas a 20 personas.
  • 15 de septiembre de 2007: cerca de la localidad de Carancas, en Perú, cayó un meteorito que creó un cráter de 13 metros de ancho y 4,5 metros de profundidad.
  • 7 de octubre de 2008: sobre Sudán explotó un asteroide de 2–3 metros, liberando una energía equivalente a 1–2 kilotones de TNT. Fue la primera vez que se observó la caída de un objeto descubierto por astrónomos antes de alcanzar la Tierra. Había sido detectado solo un día antes por Richard Kowalski, en el marco del programa Catalina Sky Survey, utilizando el telescopio de 1,5 metros del monte Lemmon, en Arizona.
  • 8 de octubre de 2009: sobre Indonesia explotó un asteroide de 5–10 metros, liberando una energía equivalente a 20–50 kilotones de TNT.
  • 13 de febrero de 2023: a las tres de la madrugada, hora universal, entró en la atmósfera el asteroide 2023 CX1, de un metro de diámetro. Fue descubierto tan solo siete horas antes. Durante su caída, el asteroide se fragmentó en varios pedazos, de los cuales se encontraron más de veinte en el norte de Francia.
  • 13 de septiembre de 2023: sobre el centro de Francia se observó un meteorito muy brillante que posteriormente cayó al suelo. Una mujer francesa lo encontró en su patio, en el departamento de Cher.

También en México se han encontrado piedras espaciales:

  • 8 de febrero de 1969 – un meteorito cayó cerca del Pueblito de Allende en Chihuahua, México. Se cree que el asteroide original tuvo el tamaño y que se adentró en la atmósfera terrestre con una velocidad de 15 km por segundo. El meteorito recibió el nombre de Allende y es actualmente considerado el más estudiado de la historia.
  • Noviembre 24.-1804.-Hacienda de Bocas, Estado de San Luis Potosí.
  • Enero. – 1844.-Loma de la Cocina, Estado de Guanajuato.
  • Junio. – 1865.-Hacienda de Avilés, Estado de Durango.
  • Junio 11. – 1878.-Irapuato, Estado de Guanajuato.
  • Septiembre 17.-1879.-Tomatlán, Estado de Jalisco.
  • Junio 18. -1881.-Pachuca (?), Estado de Hidalgo.
  • Noviembre 27. -1885.-Mazapil, Estado de Zacatecas.

Un fragmento del meteorito Allende.

Para concluir, veamos con qué frecuencia caen meteoritos de distintos tamaños sobre la superficie de nuestro planeta. Empecemos por los más pequeños. A las partículas de hasta un milímetro de tamaño las llamamos micrometeoritos. Generalmente pesan menos de un gramo y cada año caen sobre la Tierra unas 30.000 toneladas de ellos. Las caídas de fragmentos mayores son mucho más raras. Se estima que una vez al año cae sobre la Tierra un meteorito de cuatro metros de diámetro. La caída de un asteroide de siete metros, cuya energía cinética equivale a la de la bomba atómica de Hiroshima, ocurre en promedio una vez cada cinco años, mientras que para un cuerpo de 60 metros hay que esperar unos 1.300 años. Un asteroide de un kilómetro de diámetro puede esperarse cada 440.000 años, mientras que los gigantes de cinco kilómetros nos visitan aproximadamente cada 18 millones de años. El meteorito que hace 65 millones de años causó la extinción de los dinosaurios y creó un cráter de 200 kilómetros de ancho, que aún hoy se encuentra en el fondo del golfo de México, habría tenido un diámetro de entre 10 y 15 kilómetros.

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