Historia del espacio

El 11 de enero de 2007, las fuerzas armadas chinas llevaron a cabo un ejercicio militar en el que derribaron el satélite meteorológico inoperante Fenyun-1, que se encontraba a una altitud de 865 kilómetros. Esta demostración de poder provocó la mayor contaminación del entorno de nuestro planeta hasta la fecha, ya que el satélite se fragmentó en más de 3400 piezas mayores de cuatro centímetros y alrededor de 150.000 fragmentos más pequeños. Estos restos han causado numerosos problemas a otras misiones espaciales. En 2013, una colisión con uno de ellos resultó fatal para el satélite ruso BLITS; en 2021, otro fragmento del mismo origen impactó contra el brazo robótico de la Estación Espacial Internacional (ISS), perforando un agujero de 5 milímetros. La propia ISS ha tenido que realizar múltiples maniobras para evitar colisiones con estos fragmentos, la última de ellas el 30 de abril del año pasado. La frecuencia de este tipo de maniobras debido a desechos espaciales de distintos orígenes ha aumentado significativamente en los últimos años. Los científicos temen un escenario catastrófico, el llamado síndrome o efecto de Kessler, según el cual el rápido aumento de basura espacial podría terminar en gran parte con la era espacial. No se trata de una predicción apocalíptica de ciencia ficción, sino de una posibilidad real que amenaza con materializarse en un futuro cercano.
Destrucción de satélites como fuente de contaminación espacial

Un avión F-15 Eagle lanzando un misil antisatélite durante una prueba. Fuente: Wikipedia.
Exactamente tres años después de la destrucción del Fenyun-1, China derribó otro de sus satélites, contribuyendo nuevamente a la contaminación del entorno terrestre. Sin embargo, este país también experimentó una especie de “karma” ya que en noviembre de 2025 un desecho espacial impactó contra su estación espacial Tiangong, obligando a los taikonautas a retrasar su regreso a la Tierra por nueve días.
Por supuesto, China no es la única superpotencia que ha realizado pruebas de destrucción de satélites. Desde la década de 1950, Estados Unidos llevó a cabo programas similares, en su mayoría sin éxito. Uno de sus últimos ensayos tuvo lugar el 13 de septiembre de 1985, cuando destruyeron un satélite a 555 kilómetros de altura. Posteriormente hubo una pausa, interrumpida en 2008 cuando, en respuesta al experimento chino, Estados Unidos destruyó un satélite a 247 km de altitud.
La Unión Soviética también llevó a cabo numerosas pruebas de este tipo en las décadas de 1960 y 1970 y estuvo desarrollando armas antisatélite se detuvo ahsta poco antes de la desintegración del país a finales de los años 80. Recientemente, Rusia ha retomado este programa, lo cual fue revelado el 15 de noviembre de 2021, cuando su ejército destruyó el satélite Kosmos 1408, generando una nube de aproximadamente 1500 fragmentos.
Es interesante señalar que cada una de estas pruebas por parte de una potencia espacial provoca protestas de las otras dos, precisamente en el contexto de la contaminación del entorno donde se encuentran las llamadas órbitas terrestres bajas, que son vitales para el funcionamiento de la sociedad moderna.
Otras fuentes de desechos espaciales

Daño en una de las ventanas de la Estación Espacial Internacional de 7 mm de diámetro causado por el impacto de un diminuto fragmento de basura espacial, posiblemente una escama de pintura o un pequeño fragmento metálico con un espesor no mayor que unas milésimas de milímetro. Fuente: Agencia Espacial Europea.
La destrucción de satélites no es la única fuente de basura espacial. Sus orígenes se remontan incluso antes del inicio oficial de la era espacial. En 1957, los cohetes de investigación Aerobee dejaron algunos de los primeros residuos en el espacio, en intentos fallidos de alcanzar la velocidad de escape.
Ese mismo año, Estados Unidos realizó el experimento Pascal B, en el que detonaron una bomba nuclear en un pozo de 150 metros de profundidad cubierto por una cúpula de concreto de media tonelada. La explosión fue mucho más potente de lo previsto, y la cúpula desapareció sin dejar rastro. Cálculos posteriores sugieren que pudo haber sido lanzada hacia las alturas a una velocidad de 60 km/s, unas cinco veces la velocidad de escape. Existe incluso la remota posibilidad de que este objeto haya sido el primer artefacto humano en llegar al espacio, meses antes que el Sputnik 1.
Desde el lanzamiento del primer satélite artificial oficialmente reconocido el 4 de octubre de 1957, la cantidad de basura espacial ha aumentado rápidamente. Según el Comité Interinstitucional de Coordinación de Desechos Espaciales (IADC), se considera basura espacial cualquier objeto artificial fuera de servicio, incluidos sus fragmentos, que se encuentre en órbita terrestre o ingresando a la atmósfera.
Entre las principales fuentes de desechos espaciales se encuentran:
- Satélites inactivos que permanecen en órbita (actualmente unos 2700 según la Agencia Espacial Europea, ESA por sus siglas en inglés).
- Las etapas finales de los cohetes que permanecen en órbitas terrestres después de colocar su carga útil. Un ejemplo es la etapa superior del cohete Ariane 5, que tras completar su misión fue situada en la llamada “órbita cementerio”, con un radio aproximadamente 300 kilómetros mayor que el de las órbitas geoestacionarias (~35,786 km), donde permanece indefinidamente.
- Los fragmentos que se generan como resultado de la colisión entre dos satélites. Un ejemplo es el choque entre el satélite operativo Iridium 33 con el satélite ruso inoperable Kosmos 2251 en 2009.
- Las consecuencias de explosiones en el espacio. Por ejemplo, en agosto de 2012 ocurrió un fallo durante el lanzamiento de un cohete ruso Proton, que debía colocar dos satélites comerciales en órbita geoestacionaria. La etapa superior quedó atrapada en órbita baja terrestre. Debido a las grandes cantidades de combustible a bordo, explotó el 16 de octubre, generando una gran nube de fragmentos. Se estima que explosiones similares han producido hasta la fecha una población de alrededor de 900.000 fragmentos mayores de un centímetro.
- Pequeñas partículas que se liberan durante actividades rutinarias. Entre ellas se incluyen fragmentos de pintura, tornillos o cubiertas, así como restos de naves espaciales envejecidas.
Los fragmentos espaciales pueden permanecer en órbita durante largos periodos y se desplazan a velocidades extremadamente altas, entre 7 y 8 km/s. A esa velocidad un fragmento de 1 gramo tiene una energía cinética comparable a una bala, uno de 10 gramos equivale a la energía de un automóvil en autopista y uno de 1 kg libera energía comparable a entre seis y siete kilogramos de dinamita. Esto significa que incluso la más pequeña partícula de basura espacial se convierte en un proyectil mortal que puede dañar gravemente o incluso destruir nuestras naves espaciales.

Representación artística del rápido aumento del número de desechos espaciales desde el inicio de la era espacial hasta la actualidad. Fuente: JagranJosh.
La basura espacial en cifras
- 7170 – número de lanzamientos exitosos de cohetes espaciales desde 1957 hasta hoy.
- 25,170 – número de satélites que estos cohetes han puesto en el entorno de la Tierra.
- 16,910 – número actual de satélites que aún permanecen en sus órbitas.
- 14,200 – número aproximado de satélites actualmente operativos.
- 44,870 – número de objetos que son monitoreados por redes de vigilancia espacial.
- 650 – número total de explosiones, colisiones y otros similares que han generado nubes de desechos espaciales.
- 15,800 toneladas – masa total de todos los objetos espaciales artificiales en órbita alrededor de nuestro planeta.
- 54,000 – número de objetos mayores de 10 centímetros que orbitan la Tierra.
- 1,2 millones – número de fragmentos de entre 1 y 10 centímetros en órbita terrestre.
- 140 millones – número estimado de fragmentos de entre 1 y 10 milímetros.
- 41 – número total de maniobras de la Estación Espacial Internacional para evitar colisiones con desechos espaciales.
El efecto Kessler

Aumento rápido de la basura espacial. Fuente: Agencia Espacial Europea.
Inmediatamente después del lanzamiento del Sputnik 1, el Mando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica (NORAD) creó una base de datos de objetos espaciales. De este modo, Estados Unidos supo desde muy temprano de la existencia de desechos resultantes de la destrucción de satélites, explosiones y otros eventos. Esta base de datos se hizo pública en la década de 1970.
En 1978, un científico de NORAD, Donald J. Kessler, lideró un estudio en el que analizaba colisiones entre satélites. En él planteó, entre otras cosas, que para el año 2000 la basura espacial se convertiría en una amenaza mayor para los satélites que los micrometeoroides.
Aunque en la década de 1980 la doctrina oficial seguía sosteniendo que, debido a la resistencia del aire en las capas superiores de la atmósfera, los satélites y los desechos caerían hacia la Tierra más rápido de lo que se generarían, otro científico de NORAD, John Gabbard, ya sabía que el número de objetos en la base de datos oficial era mucho menor que el real. Poco después de la publicación del artículo de Kessler, Gabbard acuñó el término síndrome de Kessler para describir la rápida acumulación de basura espacial.
En 1991, Kessler publicó otro artículo en el que presentó la idea de que existe una densidad crítica de desechos. Si no se supera, los fragmentos caen y se destruyen en las capas bajas de la atmósfera más rápido de lo que se generan. Sin embargo, cuando la densidad supera ese valor crítico, cada nuevo fragmento aumenta la probabilidad de colisiones entre ellos y con naves espaciales. A densidades aún mayores, se produce una reacción en cadena que hace que la cantidad de fragmentos pequeños aumente de forma extremadamente rápida. Hoy en día, el término síndrome de Kessler se refiere precisamente a esta reacción en cadena.
Actualmente sabemos que, en el peor de los casos, el síndrome de Kessler podría hacer completamente imposible el funcionamiento y la existencia de satélites en órbitas bajas terrestres. Las órbitas medias y geoestacionarias, por ahora, no se consideran en peligro inmediato. Sin embargo, hay que recordar que las órbitas bajas albergan algunas de las misiones espaciales más importantes, como la Estación Espacial Internacional, el Telescopio Espacial Hubble, la estación espacial china Tiangong, así como las constelaciones de Starlink e Iridium, entre otras.
Problemas también en la atmósfera y en la Tierra

La reentrada de la misión Vehículo de Transferencia Automatizado (ATV) 6 de la Agencia Espacial Europea. Fuente: ESA/NASA.
Los satélites fuera de servicio no representan problemas solo en sus órbitas. La gran mayoría de ellos, según los protocolos establecidos, debe desintegrarse en las capas bajas de la atmósfera. Sin embargo, este proceso tampoco está exento de consecuencias. Los científicos ya advierten sobre los efectos perjudiciales de esta práctica. Los satélites en combustión liberan a la atmósfera enormes cantidades de aluminio y otros metales. Estos vapores permanecen durante décadas en la mesosfera. Con el tiempo, el óxido de aluminio llega a la estratosfera, donde destruye la capa de ozono. El problema es tan grave que algunos temen la reaparición del agujero de ozono.
Según las previsiones, para el año 2040 la cantidad de material procedente de satélites en la estratosfera podría superar la cantidad de polvo natural generado por meteoros. Esto podría tener un impacto significativo en la velocidad de los vientos estratosféricos y en las temperaturas de esa región, mientras que los efectos sobre el clima terrestre aún están siendo estudiados.
Además, la basura espacial también puede caer sobre la Tierra. Entre 1960 y 2025 se registraron alrededor de 33 caídas de restos de naves espaciales que no se desintegraron completamente en la atmósfera. Su número también está aumentando rápidamente: solo en 2024 se registraron cinco incidentes de este tipo, y seis al año siguiente.
Algunos de estos casos incluso han puesto en peligro vidas humanas. En 2002, un niño de seis años llamado Wu Jie se convirtió en la primera persona en ser impactada directamente por basura espacial. Un fragmento de aluminio de 10 kilogramos, desprendido del satélite Ziyuan-2B, cayó sobre él. Afortunadamente, el niño solo sufrió heridas leves. En 2007, fragmentos de un satélite espía ruso que caían del cielo asustaron gravemente a un piloto de la aerolínea LATAM Airlines. Ya en 1969, un fragmento de un satélite soviético cayó sobre un barco japonés causando lesiones a cinco marineros.
Perspectivas para el futuro

Visualización artística de la misión ClearSpace-1. Fuente: Agencia Espacial Europea.
Las corporaciones privadas que operan satélites en órbitas bajas terrestres aún no han respondido de manera concreta a esta situación. Más bien al contrario. La empresa SpaceX, que actualmente ya opera unos 10.000 satélites de la constelación Starlink, planea aumentar su flota a más de 40.000 unidades.
Algunas agencias espaciales muestran un comportamiento algo más responsable. Para el 2028 la Agencia Espacial Europea tiene previsto el lanzamiento de la misión ClearSpace-1. Esta intentará capturar un objeto inactivo del tamaño de una lavadora en el espacio, tras lo cual ambos vehículos se desintegrarán en la atmósfera. La misión forma parte del programa Space Safety Programme, mediante el cual la ESA monitorea amenazas provenientes del espacio.
En el pasado, las misiones RemoveDEBRIS y ELSA ya estudiaron técnicas para la eliminación de desechos espaciales, mientras que la misión MEV investigó formas de prolongar la vida útil de satélites en funcionamiento.
A pesar de todo, hasta ahora no se ha hecho lo suficiente, y la humanidad aún tendrá que esforzarse más para evitar que se materialice el peor escenario.
Lecturas complementarias para los más curiosos
- 2007 Chinese anti-satellite missile test, Wikipedia.
- China’s satellite killer, Foreign Policy.
- China Shoots Down a Second Satellite, Center for Arms Control and Non-Proliferation
- BLITS, Wikipedia.
- A chunk of Chinese satellite almost hit the International Space Station: The space junk problem is getting worse, Psych.org.
- International Space Station fires thrusters to avoid Chinese rocket debris, space.com.
- Space debris struck a Chinese spacecraft – how the incident could be a wake‑up call for international collaboration, The Conversation.
- Anti-satellite weapon, Wikipedia.
- US Officials: Russian Anti-Satellite Test Created Extensive New Orbital Debris Field, Air&Space Forces.
- US report claims China shoots down its own satellite, China Daily.
- Kosmos 1408, Wikipedia.
- Kessler syndrome, Wikipedia.
- Aerobee, Wikipedia.
- Did speeding American manhole cover beat Sputnik into space? Top boffin speaks to El Reg, The Register.
- A manhole cover launched into space with a nuclear test is the fastest human-made object. A scientist on Operation Plumbbob told us the unbelievable story. Business Insider.
- 2009 satellite collision, Wikipedia.
- Space Environment Statistics, European Space Agency
- CHARACTERIZATION OF THE 2012-044C BRIZ-M UPPER STAGE BREAKUP, M. J. Matney, NASA.
- Upper Stage Explosion Places LEO Satellites at Risk, Orbital Debris Quartely News (2013), NASA.
- About space debris, European Space Agency.
- Within 15 years, plummeting satellites could release enough aluminum to alter winds, temps in the stratosphere, Chemical Sciences Laboratory, NOAA.
- Satellite “megaconstellations” may jeopardize recovery of ozone hole, American Geophysical Union.
- List of space debris fall incidents, Wikipedia.
- Europe plans space claw to capture orbiting junk, Science.
- ESA commissions world’s first space debris removal, ESA.
- RemoveDEBRIS mission, University of Surrey.
- End of Life (EOL), Astroscale.
- Docking System, Prototype, Mission Extension Vehicle-1, …, Docking System, Prototype, Mission Extension Vehicle-1, Space Logistics, National Air and Space Museum