Invierno de impacto y colapso ambiental – posibles consecuencias de la caída de Bennu (u otro asteroide parecido)

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Últimamente, los medios de todo el mundo han encendido las alarmas ante dos posibles amenazas cósmicas: los asteroides 2024 YR4 y 101955 Bennu. Existe una pequeña probabilidad de que el primero caiga sobre la superficie terrestre en el año 2032 y el segundo en 2182. 2024 YR4 mide entre 30 y 90 metros de ancho. Si llegara a adentrarse en la atmósfera de nuestro planeta, este asteroide causaría una enorme explosión en la que la gran mayoría del material que lo compone, se evaporaría. Solo una pequeña parte de él alcanzaría la superficie donde causaría un daño grave, pero geográficamente muy limitado.

Por otro lado, Bennu es una antigua roca espacial mucho más grande. Se formó apenas 10 millones de años después del nacimiento del Sistema Solar. Según los astrónomos, la posibilidad que impacte la Tierra en septiembre de 2182 es 1 en 2,700, o un 0.037%. Aunque el riesgo es bajo, el tamaño de esta piedra hace a Bennu una amenaza mucho más grande. Para los científicos, las consecuencias de un impacto de este tipo siguen siendo inciertas. Es por eso que algunos de ellos han recurrido a simulaciones computacionales para estimar los posibles efectos. Y los resultados no son precisamente alentadores para la humanidad.

Cráter Barringer, también conocido como meteorito del Cañon del Diáblo en Arizona EEUU se formó hace 50,000 años debido a la caída de un asteroide con un diámetro de entre 30 y 50 metros. La energía liberada durante elimpacto se estima en 10 millones de toneladas de TNT.

¿Cuántos “Bennus”existen?

Con un diámetro de aproximadamente 490 metros—comparable en tamaño al Empire State Building—Bennu se clasifica como un asteroide de tamaño medio. Además, pertenece al grupo de los objetos cercanos a la Tierra (NEO, por sus siglas en inglés), ya que su órbita lo lleva a menos de 1.3 unidades astronómicas (U.A.) del Sol (una es la distancia promedio entre el Sol y la Tierra y mide 150 millones de kilómetros). También es considerado un objeto potencialmente peligroso (PHO), debido a que en su trayectoria puede acercarse a nuestro planeta a menos de 0.05 U.A. (equivalente a 7.5 millones de kilómetros).

Hasta la fecha, se han identificado 37,378 objetos NEO, de los cuales 2,465 están clasificados como potencialmente peligrosos. La mayoría de estos objetos tienen un diámetro de entre 30 y 100 metros, mientras que solo unos 900 superan un kilómetro de tamaño. Por otro lado, se conocen 5000 asteroides con un diámetro entre 300 y 1000 metros, cuya caída seriamente amenazaría a la existencia de la civilización.

Caídas de asteroides – ¿qué tan frecuentes?

Los cálculos científicos indican que la tasa de impacto de objetos de distintos tamaños se ha mantenido constante durante los últimos 3.5 mil millones de años. Los tiempos estimados promedio entre el impacto de dos asteroides rocosos son:

  • Un año para objetos de al menos 4 metros de diámetro.
  • 5 años para 7 metros de ancho. Tales cuerpos tienen energía cinética equivalente a unas 16 kilotoneladas de TNT, lo cual es comparable con la bomba atómica de Hiroshima. Sin embargo, solo unas 5 kilotoneladas son emitidas durante la explosión en la atmósfera.
  • 50 años para asteroides de 20 metros de diámetro. Se estima que este fue el diámetro del asteroide que explotó encima de la ciudad de Chelyabinsk en 2013.  
  • 1300 años en el caso de asteroides de 60 metros de diámetro. Estos impactos liberan una energía equivalente a 10 megatoneladas de TNT (similar al evento de Tunguska en 1908).
  • 440,000 años para los impactos de asteroides de 1 kilómetro de diámetro.
  • 18 millones de años para objetos con un tamaño de 5 kilómetros.

Asteroide Bennu en comparación con Empire State Building y la Torre Eifel.

Debido a este riesgo, desde 1998 Estados Unidos, la Unión Europea y otras naciones han estado trabajando en la detección y monitoreo de los NEOs a través de un esfuerzo global conocido como Spaceguard. Inicialmente, el Congreso de EE. UU. encargó a la NASA la tarea de catalogar al menos el 90% de los NEOs con un diámetro de 1 kilómetro o más, ya que su impacto podría causar una catástrofe global. Este objetivo se logró en 2011. Con el tiempo, la búsqueda se amplió para incluir objetos más pequeños, cuyos impactos, aunque no representarían un riesgo global, podrían causar daños significativos a nivel regional.

Qué pasaría si un asteroide como Bennu chocara contra la Tierra?

El impacto de la caída un cuerpo espacial depende de su tamaño y de los detalles específicos de su colisión. Los objetos de hasta algunas decenas de metros de diámetro suelen desintegrarse en la atmósfera superior, generando explosiones que, en la mayoría de los casos, no representan un peligro significativo. La mayor parte de su material se vaporiza, y solo pequeños fragmentos logran llegar a la superficie en forma de meteoritos.

Por otro lado, los impactos de asteroides de varios kilómetros de diámetro han sido ampliamente estudiados, especialmente debido al evento que provocó la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. Sin embargo, aún se sabe poco sobre las consecuencias de la caída de asteroides de tamaño medio, como Bennu. Actualmente, se han identificado alrededor de 5,000 objetos con características similares, lo que hace crucial comprender los efectos de su impacto, incluso si Bennu nunca llega a colisionar con nuestro planeta.

Para abordar este desafío, un equipo de científicos coreanos realizó simulaciones por computadora con el objetivo de evaluar las posibles consecuencias de un impacto. Los resultados indican que, si bien la humanidad probablemente sobreviviría, la devastación sería catastrófica.

Impacto y efectos inmediatos

La magnitud del desastre dependería de múltiples factores, como el ángulo y la velocidad de impacto, así como el lugar donde ocurriera la colisión. De acuerdo con las simulaciones, los efectos iniciales incluirían:

  • Un calor extremo, capaz de incendiar vastas regiones en segundos.
  • Potentes terremotos, con magnitudes muy superiores a los registrados en la historia moderna.
  • Megatsunamis, con olas de cientos de metros de altura en caso de un impacto oceánico.

Efectos posteriores  – un planeta sumido en la oscuridad

La verdadera catástrofe no ocurriría en el momento del impacto, sino en los meses y años posteriores, debido a un fenómeno conocido como «invierno de impacto».

Las simulaciones sugieren que entre 100 y 400 millones de toneladas de polvo, hollín y azufre serían liberadas a la atmósfera, bloqueando la luz solar y provocando un descenso de la temperatura global de hasta 4 grados centígrados. Además:

  • Las precipitaciones disminuirían en un 15%, alterando los patrones climáticos.
  • La capa de ozono se reduciría en un 32%, aumentando la exposición a la radiación ultravioleta.
  • La fotosíntesis se reduciría en un 30%, afectando gravemente los ecosistemas terrestres y marinos.

El impacto en la producción de alimentos sería devastador. La agricultura y la pesca enfrentarían dificultades extremas para recuperarse de la prolongada oscuridad y del drástico cambio climático, lo que podría desencadenar una crisis alimentaria global.

Un rayo de esperanza en el océano

Curiosamente, las simulaciones revelaron un giro inesperado. A pesar del colapso ambiental generalizado, el plancton oceánico no solo se recuperaría en tan solo seis meses, sino que incluso podría prosperar más allá de los niveles normales. La razón radica en la composición de la corteza terrestre, que contiene aproximadamente un 3.5% de hierro. Un impacto de asteroide lanzaría enormes cantidades de polvo rico en este metal a los océanos y, combinado con el hierro adicional del propio asteroide, impulsaría gigantescas floraciones de fitoplancton. Este auge inesperado en la vida marina podría ofrecer un pequeño respiro en un escenario por lo demás sombrío.

Una recreación artística dela colisión de la misión DART con el asteroide Dimorphos.

¿Podemos detener a Bennu?

Afortunadamente, tenemos tiempo—más de 150 años—para prepararnos. Científicos de la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria de la NASA, junto con otras agencias internacionales, están desarrollando estrategias para detectar y desviar asteroides peligrosos. Entre las principales propuestas se encuentran:

  • Impactador cinético: Estrellar una nave espacial contra el asteroide para modificar su trayectoria.
  • Explosiones nucleares en el espacio: Usar detonaciones controladas para alterar su curso sin fragmentarlo peligrosamente.

De hecho, en 2022 la NASA ya ha demostrado la viabilidad de la desviación de asteroides con la misión DART, que logró modificar con éxito la órbita de un pequeño asteroide. Este experimento confirmó que la humanidad posee la capacidad técnica para influir en estos colosos cósmicos.

La amenaza de impactos de asteroides 2024 YR4y Bennu es un recordatorio de que la Tierra no es inmune a los eventos cósmicos. Aunque la probabilidad de que Bennu impacte nuestro planeta es baja, las posibles consecuencias justifican una vigilancia constante. Con investigación e innovación continuas, podemos asegurarnos de que ningún asteroide jamás tenga la oportunidad de determinar nuestro destino.

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