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Durante milenios, los seres humanos han observado cómo el comportamiento animal cambia durante uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza: el eclipse solar. Está bien documentado que durante estos eventos, los animales diurnos se preparan para descansar, mientras que los nocturnos comienzan a activarse. Pero apenas en los últimos años hemos aprendido que también las plantas — aunque aparentemente inmóviles y pasivas— responden a estos eventos celestes. Un nuevo estudio, titulado “Sincronización bioeléctrica de Picea abies durante un eclipse solar”, ofrece pruebas convincentes sobre los árboles que respondieron a un eclipse solar parcial no solo de manera individual, sino como una comunidad forestal sincronizada.

En preparación para el eclipse solar parcial del 25 de octubre de 2022, un grupo de investigadores viajó a los Dolomitas en el norte de Italia, para llevar a cabo un experimento inédito. Colocaron electrodos sensibles en varias píceas vivas, como también en algunos tocones, restos de árboles que fueron derribados por una tormenta años atrás.

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En 2015, el Senado de Estados Unidos aprobó la llamada Acta Espacial (Space Act) que otorga a los ciudadanos estadounidenses el derecho a poseer los recursos que logren extraer del espacio, como agua, minerales y metales raros provenientes de asteroides. Puede que a primera vista parezca solo otra ley más, pero en realidad este acta marcó el comienzo de una nueva carrera espacial. Sin embargo, en esta ocasión no se trata ni de banderas ni de gloria, sino de derechos de propiedad y beneficios económicos.

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Días 9 y 10 de mayo: atentos al cielo

El 31 de marzo de 1972, la Unión Soviética lanzó la sonda Kosmos 482 con destino al planeta hermano de la Tierra: Venus. Sin embargo, un fallo en la etapa superior del cohete Soyuz cambió el rumbo de la misión, que quedó atrapada en la órbita terrestre durante más de cinco décadas. Ahora, está a punto de ingresar a la atmósfera y caer sobre la superficie de nuestro planeta.

Kosmos 482 era una nave hermana de Venera 8, que ese mismo año logró transmitir datos desde la superficie de Venus durante más de 50 minutos antes de ser destruida por las extremas condiciones atmosféricas. En aquella época, las misiones planetarias soviéticas se lanzaban primero a una órbita terrestre baja, desde donde realizaban un segundo lanzamiento hacia su destino final. Si este fallaba, las naves se quedaban en órbita terrestre y recibían la designación «Kosmos».

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Historia del espacio

Desde pequeños nos imaginamos el Sistema Solar, donde los planetas orbitan alrededor del Sol. Esa misma imagen persiste cuando pensamos en exoplanetas, y de hecho, descubrimos más de 5000 de ellos analizando la luz proveniente de sus estrellas centrales. Sin embargo, desde hace algunos años, los astrónomos han estado encontrando objetos que no encajan en esta historia, sino que vagan por Vía Láctea completamente solos sin que ningún sol ilumine sus cielos. Estos huérfanos se conocen como planetas errantes. Su existencia ha despertado un creciente interés en la comunidad científica, ya que podría tratarse de objetos más numerosos en nuestra Galaxia.

Aunque solemos percibir el espacio como un vacío infinito, la verdad es que las órbitas alrededor de la Tierra están cada vez más congestionadas. Desde el inicio de la era espacial en 1957, hemos lanzado al espacio más de 20.000 satélites, de los cuales el 70 % todavía orbita nuestro planeta. Debido a eventos desafortunados del pasado, como colisiones entre naves, explosiones o su destrucción intencionada, actualmente hay en órbita más de 50.000 objetos con un tamačo mayor a 10 cm, más de un millón de fragmentos del tamaño de un pequeño tornillo y más de cien millones de partículas de 1 mm. A pesar de su pequeño tamaño, estos desechos son extremadamente peligrosos.

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Durante décadas, los científicos estuvieron convencidos de que sabían qué es lo que le da a Marte su característico color rojo. La respuesta, por supuesto, es el óxido de hierro. Sin embargo, la «herrumbre» puede contener diferentes componentes.

Ya en 1965, nada menos que el Dr. Carl Sagan sugirió que la superficie de Marte estaba cubierta por una forma de óxido de hierro conocida como hematita, la forma más común de óxido en la Tierra. Esta hipótesis surgió porque en aquel entonces los científicos aún no habían detectado la presencia de agua en el Planeta Rojo, por lo que creían que el hierro en la corteza marciana se oxidaba exclusivamente en presencia de oxígeno.

Hoy en día, los geólogos planetarios tienen una perspectiva diferente sobre la composición de la atmósfera primitiva de Marte. Se estima que simplemente no había suficiente oxígeno libre para enrojecer toda la superficie del planeta. Sabiendo que el óxido de hierro puede presentarse en distintas formas, los científicos emprendieron la búsqueda del compuesto adcuado.

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Tras pasar nueve meses en la Estación Espacial Internacional, los astronautas Barry Wilmore y Suni Williams han regresado a la Tierra. Sin embargo, para ellos, las cosas aún no terminan. Debido a los efectos de una estancia prolongada en el espacio, Wilmore y Wiliams serán sometidos a una intensa terapia de recuperación, similar a la que reciben los pacientes que han estado en coma durante largos períodos. Los efectos de una estancia en órbita tan extendida son complejos y, en su mayoría, perjudiciales, tanto a corto como a largo plazo. Algunos de ellos los afectarán por el resto de sus vidas.

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